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sábado, 3 de marzo de 2012

1.- MORADA DE DEMONIOS - PRISIONERO DE MI MISMO

Tumbado en el jergón de mi celda, con la luz de la prisión desvanecida, percibo, a través de los reflejos del muro de cristal que me aísla del largo corredor, el lento deambular del vigilante, en ocasiones detenido frente a la puerta de una celda, observando a sus moradores como si contemplase un cuadro en una exposición. Entonces viene a mi mente aquello que una vez imaginó un filósofo griego sobre la percepción de la vida desde el fondo de una cueva. Sombras en la pared que solo alcanzamos a interpretar.

Hace frío. El aliento se condensa al  salir de mi boca mientras arropo mi cuerpo con la manta de lana, gris y mugrienta como las paredes de la cueva del filósofo. En todo caso, la cueva de la que hablaba aquel griego se hallaba habitada. Podemos ver la cueva, porque está hecha de carne, pero no a sus habitantes que, como los guardianes de la prisión, aguardan en un zaguán oscuro, oculto en las profundidades de la cueva, su turno de ronda para saborear las delicias de la percepción y gobernar durante un instante sobre actos  y palabras, si su destino es en algún momento el gobierno de la carne que los cobija. En el caso de mi persona, si existe algún “yo” inmutable en mí, éste sería la cueva, la casa, el castillo, el hogar, la morada. Una morada habitada por demonios.

¿Quién soy yo?, se preguntarán algunos. Hoy me llamo Tomás Gomez. Mañana puedo ser cualquiera. Y a pesar de estar internado en esta institución mental, que se asemeja a una prisión más que a ninguna otra cosa conocida, no me considero un loco. Estoy aquí por culpa de un incidente del que no albergo memoria alguna. De cualquier forma, mi involuntaria estancia como huesped de éste establecimiento me ha revelado que desde donde mi memoria alcanza, he aprendido a ser carcelero de mi mismo. A encerrar a cada demonio en su celda y escuchar sus gritos desde los corredores más profundos sin permitir que sus gritos alteren jamás mi conducta. Realmente, algo muy parecido a lo que acontece aquí cada día.

 Pero todo ello cambió de repente, en una noche de luna llena, cuando las puertas de la prisión se abrieron y escaparon todos mis demonios.

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