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sábado, 13 de febrero de 2016

LA CRIATURA DE OTRO MUNDO




Dos mundos enfrentados
El mensaje, captado desde un radiotelescopio, procedía del mismo centro de la Vía Láctea. Había llegado encriptado  con tal complejidad que las últimas generaciones de ordenadores cuánticos apenas eran capaces de analizarlo por carecer de una clave con la que establecer patrones, pero finalmente, tras meses de combinaciones, el ordenador halló una solución coherente que adoptó la forma de  espirales surgiendo del caos. Se trataba sin duda de secuencias ADN encadenadas en un genoma. La firma indiscutible de la vida.

La noticia causó un revuelo sin precedentes en la comunidad científica. La voz de una raza extraterrestre inteligente había conseguido  transmitir a años luz de distancia la semilla de su especie. Aun así era necesario reproducir esa información y plasmarla en un polímero orgánico, por lo que las más prestigiosas universidades de todo el mundo se pusieron en marcha, destinando inmensas cantidades de dinero  para reproducir  el genoma.

  El estado de la técnica humana  estaba aún en pañales con relación al emisor alienígena y los fracasos iniciales se sucedieron, pero finalmente el prestigioso laboratorio  de Resonancia Magnética Nuclear de la Ciudad de la Luz consiguió generar un núcleo en una esfera acuosa  donde se inocularon las enzimas y nutrientes necesarios para procesar las espirales ADN y conseguir el nacimiento del ser.

El desarrollo de la criatura fue extremadamente rápido, hasta el punto de disparar todas las alarmas de alerta alienígena y motivar la presencia de cascos azules que, armados hasta los dientes, fueron desplegados sobre las instalaciones mediante helicópteros de combate para mantener el orden y alejar a una  multitud vociferante de fanáticos del fin del mundo que rodeaba la zona.
 Para zanjar cualquier polémica sobre el  alien, Los gobiernos tomaron el control y decretaron silencio informativo, mientras el responsable de los laboratorios, doctor Enzo Cazzamani, convocaba una cumbre en la que mostraría a la comunidad científica y delegados de todo el mundo el semblante de la criatura.

El doctor Cazzamani llegó al laboratorio en su automovil, atravesando una masa humana que le impedía el paso. Las fuerzas de orden se emplearon a fondo para detener a la multitud. El hall del laboratorio se hallaba repleto de periodistas y curiosos que aguardaban una oportunidad para transmitir la primicia, pero dos policías apostados en la puerta de la sala de juntas impedía el acceso. Enzo se acreditó y los guardas le permitieron el paso. En el interior  aguardaba el presidente del gobierno, dos asesores y un reducido grupo de representantes de la comunidad científica. 
La sala de juntas se encontraba en penumbra, con los asistentes mudos de expectación contemplando una gran pecera en oscuridad que servía como hábitat del experimento. El doctor Enzo alcanzó la tribuna y anunció el descubrimiento a los asistentes:

-          Señores: les presento al fruto de nuestro trabajo: ¡La criatura de otro mundo!

 Lentamente, la luz en el interior de la pecera se incrementó y de la sombra surgió un pequeño ser translúcido de largas antenas y negros ojos  que nadó hasta alcanzar el cristal que le separaba de los concurrentes donde quedó observando con curiosidad.

Un murmullo de sorpresa se extendió por la sala ante la aparición.

-          Interesante. – exclamó el exobiólogo Alex Norton  - Sin duda, es un magnífico ejemplar de Aristeus. Incluso añadiría que se asemeja bastante al biotipo Antennatus. ¿No les parece?

Los asistentes observaron con incredulidad a la pecera mientras el Doctor Enzo tomaba la palabra triunfante.

-          Efectivamente, Alex. Una paradoja impresionante, ¿verdad?.  ¿No recuerdan el reciente hallazgo de la NASA en la Antártida, donde se halló un espécimen de Aristeus bajo una capa de hielo de 200 m de profundidad, un lugar donde no debería existir la vida?. Este hallazgo puede cambiar totalmente nuestra concepción sobre exobiología.  Entornos como las lunas Europa o Encelado, con un océano salino oculto bajo kilómetros de hielo, podían ser un nido de estos seres, con capacidad  de desarrollar civilizaciones con una tecnología superior a la nuestra.

-          Una teoría sugerente, doctor – respondió el exobiólogo. – Siempre he pensado que nosotros, la raza humana, somos una rareza extrema del universo. Para la evolución humana ha sido necesario el desarrollo de un entorno selectivo y delicado. Los Aristeus, sin embargo, son supervivientes natos. Habitan en las más profundas simas del planeta junto a fumarolas volcánicas, en las cuevas más oscuras y también bajo kilómetros de hielo, por lo que no es descabellado pensar que pueden también poblar este tipo de planetas…

El presidente susurró unas palabras al oído de su asistente, el cual se levantó dirigiéndose sonriente al estrado.
-          Damas y caballeros: el presidente desea repasar con el equipo científico algunos aspectos importantes. Les ruego pasen al Buffet. Muchas gracias.

Enzo y el exobiólogo quedaron a solas con el presidente. Este, carraspeando, tomó la palabra:

-          A ver si lo he entendido. ¿Ha dicho usted Aristeus Natus?
-          Antenatus
-          Pues a mí me parece una gamba.
-          Bueno… Técnicamente.. es una gamba, si.
-          Una gamba carísima.
-          Efectivamente, la apariencia del ser es muy poco amenazadora, pero como científicos, no podemos ignorar la evidencia.
-          ¿Y qué nos impide pensar que ustedes han puesto ahí esa gamba para llenarse los bolsillos?. ¿Nos toman por imbéciles?
-          Por favor, señor. Es ofensivo…
-          Por lo menos, podían haber puesto en la pecera un pulpo, con tentáculos en la cabeza y cara de alienígena cabreado. Después de unas cuantas copas en el buffet, igual hasta se lo creían, pero esto de la gamba no hay quien se lo trague.
-          No pensará en serio que un grupo de científicos de prestigio como los de esta universidad se iban a prestar a semejante cambalache. Le puedo asegurar que la criatura de la pecera responde al resultado del experimento, sin alteración ninguna.
-          Mire, hijo. Como dijo el sabio, a mí no me cabe por el culo ni un pelo de ese bicho de la pecera. Por lo que respecta a los experimentos, mejor hacerlos con gaseosa. Además, yo ya he visto de todo en este país, incluso camaradas de toda la vida mintiendo con tal convicción que pondrían en el fuego la mano de su madre. ¿Qué es más probable? ¿Qué una criatura extraterrestre haya cruzado el espacio sideral o que dos golfos se hayan embolsado un presupuesto millonario y nos quieran colocar una gamba de Denia?.
-          Bueno, efectivamente, la navaja de Ockham…
-          Y para colmo, dentro de un mes tenemos elecciones. Por mucho interés científico que pueda tener ese Natus, o como se llame, dígame. ¿cómo narices vamos a explicar a nuestros votantes que hemos gastado millones de Euros en una gamba?. De ningún modo. Usted, el inglés. Se me acerca a Mercadona y me trae ahora mismo el pulpo más grande que tengan. Verán la masa amorfa en el fondo de la pecera y les diremos que el alien no ha sobrevivido. Y usted, Cazzamani, deshágase de la criatura.

El presidente abandonó la sala junto a su séquito, dejando al doctor Enzo mirando pensativo al Aristeus. Alex se acercó y colocando la mano sobre su hombro, partió hacia el supermercado, pero Cazzamani parecía mudo, con dos remolinos girando veloces en la cuenca de sus ojos,  abducido por los infinitamente negros ojos de la gamba, cuya voz resonaba en su cerebro:

-          “No existe aquello que los humanos llamáis verdad o mentira. Son simplemente dos estados de percepción diferentes que coexisten sin antagonismos en una realidad global cuántica. ¿No es acaso cierto?”.
-          Si, mi amo – respondió Enzo al silencio de la sala.
-          “Busquemos otro lugar, Sé cuándo a uno no le quieren.”

Enzo se unió al buffet con mirada ausente, estúpida sonrisa y el pequeño Aristeus nadando en una ponchera nerviosamente, contemplando con curiosidad el mundo que le rodeaba. De pronto, apareció el horror. Una fuente llena de sus hermanos, cadáveres enrojecidos cocidos en salmuera y servidos sobre hielo, era devorada con ansia por una multitud de humanos flatulentos de bocas babeantes y manos pringosas. Las antenas del Aristeus se atiesaron de puro pánico: - “ ¡Dios mio,! ¡Les arrancan la cabeza y  succionan el seso! ¿Qué tipo de monstruo, error de la naturaleza haría eso?”. Cazzamanni no contestó. Alcanzó la salida y abandonó el lugar  a toda velocidad, mientras el pequeño ser, instalado sobre el salpicadero del vehículo, temblaba de pánico en la ponchera.

Las informaciones disponibles a partir de entonces son confusas. Existe constancia de que el doctor y la criatura embarcaron en un ferry  hacia las Pitiusas cerca de la medianoche. Al llegar a los límites de la plataforma continental, Cazzamani liberó al Aristeus arrojando la ponchera desde cubierta. Este desapareció en silencio entre las negras aguas, calmando la voz en el interior del cerebro de Enzo. Sus recuerdos, problemas y preocupaciones desaparecieron hasta el punto de que, al arribar las islas, todos se sorprendieron de su semblante pálido y alucinado,  especialmente tratándose de alguien que llegaba a la fiesta en lugar de marchar. Pero después de su festín de trébol y raygrass pastando en el parque municipal, se convirtió en atracción pública, respondiendo con embestidas a cabezazos y bramidos de berrea ante cualquier intento de interrogatorio. 

Transcurrieron los meses y el invierno dio paso a la primavera, fecha en la que comenzaron a producirse algunos sucesos clasificados. Ramón, pescador de la cofradía de Denia desde más de veinte años izó las redes con el mismo resultado que acontecía desde hacía meses. Ni una sola gamba. Aquella carencia de presas, atribuida por los expertos a razones naturales, climáticas o de sobrepesca, no tenía mucho sentido a 600 m de profundidad. En esa zona no existían predadores naturales para la gamba. Solo el hombre y sus burdas incursiones. De seguir así la pesca, lo mejor sería vender el barco y dedicarse a  la naranja.

De pronto, un nutrido grupo de crustáceos asomó sus cabezas sobre las agitadas aguas. “- Por fin un poco de suerte”, pensó Ramón mientras asía la soga de la nasa y la arrojaba por la borda. Pero al asomarse para contemplar el resultado de su captura, las gambas habían desaparecido. Un zumbido le advirtió de cierta presencia extraña. Al darse la vuelta, contempló al enjambre de Aristeus, esta vez alados, que flotaban en el aire escrutándole con mirada ignota.

“- Esclavo humano. Llévanos ante tu rey”.

El mundo pareció difuminarse bajo los ojos de Ramón en un revuelo de gaviotas devoradoras de gambas, afanadas en una mariscada voladora. Pero una de ellas consiguió escabullirse bajo la gorra de Ramón. Las gaviotas se abalanzaron en vuelo rasante contra la cabeza de Ramón propinándole varios picotazos en la tonsura mientras éste trataba de espantar a las aves a manotazos. De pronto sintió una nausea que dobló su cuerpo contra la borda, evacuando el desayuno y una ristra de ocho intestinos adheridos a la glotis que rebotaron en el aire y desaparecieron en la boca enrollándose como matasuegras.

El pescador levó anclas rumbo a puerto. Tras el atraque y desembarco se cruzó en la dársena con Nicolás, hermano cófrade, que tras el saludo no pudo menos que asombrarse por el tremendo catarro que su colega arrastraba, con una suerte de tentáculos bucales que la manaza de Ramón no conseguía contener. Sin duda, su compadre mostraba un comportamiento extraño, pues al cruzarse con una pareja de novios chinos haciéndose fotos para el book con los barquitos de fondo, el cófrade se puso a olisquear la entrepierna de la novia para después devorarla de un trago con ayuda de los tentáculos mientras el novio huía despavorido a avisar a la policía. Cuando los agentes llegaron, Ramón parecía dormitar recostado en un bolardo del muelle, pero al moverle descubrieron que del pescador solo quedaba la piel, sirviendo de nido para cientos de gambas apretujadas. Los agentes, desconcertados, consultaron el manual, el cual no decía nada sobre gambas, de modo que trasvasaron a los crustáceos, aún vivos, a un cubo y los llevaron a la lonja, donde el agradecido pescadero les soltó una pasta. Finalmente no iba a ser necesario sustituir el Aristeus Antennatus por Parapenaenus Longirostris, también conocido como gamba de Huelva. 


Llegó el día del Concurso Internacional de Cocina Creativa de la Gamba Roja, celebrado en el mercado municipal de Denia. El exobiólogo  Alex Norton, amante de la gastronomía, era asiduo al certamen. Una concentración de cocinas-caravana se extendía por la ciudad. En uno de los puestos servían gamba roja en salazón con espumarajo de cebollino, caspa de almendra rallada, cítrico amarillo y caviar de aceite de oliva virgen extra, con la cabeza pincelada en aceite de argán y ligeramente bronceada mediante lupa. Al examinar la fisonomía del decápodo, Alex creyó reconocer en el ejemplar esos ojos profundos del Aristeus de su experimento.

Este podría ser el final de la historia, o quizás no, pues a unos kilómetros de la costa, en las noches de luna nueva, un tenue resplandor parece emanar de las profundidades. Científicos marinos atribuyen el fenómeno a bioluminiscencias, pero también hay pescadores que afirman la existencia de una civilización sumergida, escondida en el interior de la roca, que espera su oportunidad para dominar el mundo de los hombres.
 

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